Es posible que mucha gente idealice y tenga cierta envidia de la vida de los deportistas de élite. Son muchos años al lado de auténticas estrellas, concretamente, del baloncesto, y sí, es verdad que tienen un trabajo atractivo y con salarios interesantes, sin embargo, llegar al disfrute no siempre es posible.

El entrenador, en este caso tiene una responsabilidad importante para lograr que los jugadores se diviertan y una manera de hacerlo es ayudándoles a tomar conciencia de sus emociones.

¿Qué nos puede aportar si nuestro equipo controla sus emociones?

Una mayor competitividad, básico para la maduración de cualquier equipo.

Ofrece espacio para sus vidas, no todo es trabajo, enseñemos a nuestro equipo lo importante de los momentos de descanso y de disfrute con familiares y amigos. Así mismo normalicemos la socialización dentro del equipo: saber relacionarse bien entre ellos, con los entrenadores, con fisioterapeutas, preparadores físicos…

Orientar a nuestros jugadores a los objetivos planificados, ayudarlos a identificar los valores personales y de equipo, guiarles en la empatía para comprender sentimientos de otros, se antoja imprescindible para el crecimiento del grupo, tal será esto que el trabajo en equipo se verá fortalecido.

Dusko Ivanovic (Entrenador de baloncesto y Campeón Liga Endesa 2019-2020 con el Baskonia):    “Si al sufrimiento le das sentido, es motivación, es placer”

¿Cómo podemos mejorar la inteligencia emocional dentro del equipo?

  1. Haz saber y descubrir las fortalezas de cada uno de tus jugadores, todos brillamos en algo.
  • Rebosa entusiasmo cada día, contagia de optimismo a tus jugadores, convence a tus jugadores de que cada dificultad es una oportunidad para crecer… y no sólo como deportistas, sino crecer como personas.
  • Comunícate mejor, todo suma en el día a día de un equipo. Explícate mejor como entrenador y muestra al jugador el camino de que todo influye en el deporte, incluso la comunicación no verbal. 

Acompaño esta reflexión con uno de esos cuentos que navegan por la red de autor desconocido y que nos acerca a la importante figura del líder.

EL LEÓN VA A LA GUERRA (Anónimo)

Érase una vez…un león que decidió ir a la guerra.

Llamó a sus ministros y les ordenó que proclamaran el siguiente edicto: – El rey león ordena que todos los animales de este bosque que se presenten mañana para ir a la guerra. Nadie pude faltar -.

Los súbditos se presentaron y el león comenzó a dar órdenes: – Tú, elefante, que eres el más grande, llevarás los cañones y provisiones de todos -. – Tú zorra, que tienes fama de ser tan astuta, me ayudaras a estudiar los planes de guerra para vencer al enemigo -. – Tú, mona, que eres tan ágil y trepas a los arboles con tanta facilidad, serás mi vigía y observaras desde lo alto los movimientos del enemigo -. Tú, oso, que eres tan fuerte y ágil, escalaras las murallas y sorprenderás al ejercito enemigo -.

Entre los que se presentaron al llamado del rey estaban también el asno y el conejo. Al verlos, los ministros sacudieron la cabeza:  – Majestad, el asno no sirve para la guerra: tiene fama de ser animal miedoso -. El león lo observó y dijo a sus consejeros: – Su rebuzno es más potente que mi voz. Por lo tanto, estará cerca de mí y será mi cornetín de órdenes -.

A continuación, señalaron al conejo: – De todos modos, éste, su majestad, que es mucho más miedoso que el asno, mándelo a su casa -.  Una vez más, el león tomo su tiempo para pensar. Se volvió al conejo y le ordenó: – Tú, que siempre vas por delante de tus enemigos, y has aprendido que, para salvarte, debes correr más rápido que nadie, serás mi emisario; así, los soldados recibirán mis órdenes como un rayo.

Dicho esto, se dirigió a todos y les dijo: “Todo el mundo puede ser útil en la guerra, si cada uno hace lo que mejor que se puede”.