Semana importante la que ha supuesto para mí a nivel de formación y crecimiento personal. Inmerso en una nueva aventura de aprendizaje, cierta persona enciende un interruptor dentro de mí: la paciencia.

Puedo afirmar que vivimos muy inmersos en la inmediatez, la cimentación de nuestras decisiones es endeble y el resultado se desploma convirtiéndonos en una sociedad extraviada, zombies pautados por modas.

Empezamos nuestros proyectos por el cómo, sin tener claro qué es lo que realmente queremos. El cómo cumplir propósitos nos inunda demasiado el pensamiento. En definitiva, nos falta enfoque.

Los objetivos deben estar bien definidos, necesitamos explorar concienzudamente esos detalles que conectan con nosotros mismos y que unidos a un trabajo diario verán los frutos que tanto deseamos.

Vamos a diseñar nuestra vida desde el profundo amor que sentimos (QUÉ) para después llegar a encontrarnos con el factor del triunfo (CÓMO). Todo tiene un proceso…

Hablaba al principio de sociedad extraviada. Quiero explicar a lo que me refiero, y esto es, que al pertenecer a un mundo tan ansioso por el éxito deambulamos cansados por la vida, gastando esfuerzos innecesarios por no precisar la meta de nuestro plan.

Callejear por nuestros pensamientos nos relaciona con la avaricia. Pretendemos ganar y ganar sin valorar la lucha. Rendirse es una palabra más común en nuestro día a día de lo que realmente creemos. Para disimular esta entrega recurrimos a trampas y trucos, nos convertimos en seres egoístas.  Engañamos para llegar a nuestro destino y fracasamos muchas más veces.

LA GALLINA DE LOS HUEVOS DE ORO (Fábula atribuida al griego Esopo)

Había una vez una pareja de campesinos pobres, que soñaban con un mejor futuro, pero pese a su trabajo apenas conseguían lo suficiente para sobrevivir. Sin embargo, un día, la mujer, emocionada, fue a buscar el marido, porque había sucedido un hecho insólito e imposible: ¡su gallina había puesto un huevo de oro!

No podían creer la suerte que habían tenido. Decidieron cuidar muy bien al animal, y ver si la historia se repetía otros días. Se esmeraron en darle la mejor comida y los mejores cuidados, y al día siguiente, la gallina puso otro huevo de oro. Y también al día siguiente, y al siguiente…

Pese al increíble cambio de suerte que había tenido la pareja de campesinos, el valor de los huevos de oro no era tan grande como para convertirse en muy ricos a corto plazo. Al principio, acogieron la noticia con alegría y esperanza, pero poco a poco, les fue pareciendo que tendrían que esperar demasiado tiempo para llegar al nivel de riqueza que anhelaban.

Por este motivo, el campesino le propuso un día a su esposa abrir la gallina para ver qué secreto escondía, y de esa forma poder producir oro en grandes cantidades. Además, probablemente la gallina contuviese muchos huevos de oro. La mujer estuvo de acuerdo, y sacrificaron al animal para examinarlo. Pero no encontraron nada más que las entrañas habituales de una gallina. Y enseguida se arrepintieron. ¡Habían matado la gallina de los huevos de oro!

En clave subjetiva:

¿Qué se te da realmente bien?

¿Qué te gustaría aprender?

¿Qué objetivo quieres cumplir hoy?

¿Cómo lo vas a conseguir?