Las actitudes dicen mucho de nosotros mismos. Recientemente tras una triste noticia por parte de una relación cercana, mientras mi mujer hablaba con la familia afectada escuché una de esas frases que pueden pasar desapercibidas y sin embargo son realmente potentes: “se han ido los pilares de mi vida”.

Puede ser defecto o no de mi trabajo, pero los detalles más simples hacen grande las acciones. En el traslado de vuelta a casa, comentaba con mi mujer partes de lo que habíamos vivido en la triste celebración cuando se va un ser querido. Y, efectivamente, mi frase, la frase con la que me había quedado había pasado desapercibida para ella, y sobre todo el trasfondo que conlleva esa corta frase.

Somos seres influenciados. En mi sector, solemos decir que los equipos tienen mucho del carácter que tenga el entrenador. Lo mismo que en la vida. Lo mismo que en el trabajo.

 

“Somos lo que hacemos repetidamente”

Aristoteles

 

Desde que soy padre leo bastante sobre educación y es francamente abrumador la importancia que dan los expertos a aquellas opiniones que lanzamos de manera involuntaria a los más pequeños.

 

Afirmaciones tales como “¡Ay! ¡Qué vergüenza tiene!, ¡Uy! ¡Qué tímido! Marcan el desarrollo del más pequeño dejando huella en su personalidad. Y, claro, se lo acaban creyendo de manera inconsciente y estamos creando seres inseguros, sin darnos cuenta.

Y… ¿Qué voy a decir sobre el liderazgo de equipos? Pues lo mismo. La influencia del líder es brutal. El buen líder genera más líderes y consigue un equipo tan competente como efectivo. Pero esto no es tan sencillo. Hay líderes que tienen de serie ese poder de influenciar, otros, en cambio, tienen que currárselo un poco más. Lo mismo que ser padres, algunos tenemos que ir aprendiendo a marchas forzadas.

 

“Si el amor es el tema de una escena, debe ser pintada con amor. Y si es el dolor, el dolor debe fluir de la pintura. 

Me llamo rojo” (1998), Orhan Pamuk

 

 

 

Intenta ser un arco iris en el día nublado de alguien…

No siempre resulta fácil ayudar, lo que sí tenemos que tener como propósito es cambiar algo en alguien. Leía hace unos días que La vida no puede ser trabajar toda la semana e ir el sábado al supermercado, esta frase es de Juan Luis Arsuaga (paleoantropólogo), me gusta pensar que podemos marcar algo en la vida de otros, y esa frase de Arsuaga tiene mucha reflexión detrás.

Tenemos una grandeza interior que no se puede desperdiciar por pura pereza. Cuando era entrenador de equipos de jugadores jóvenes, me obsesionaba que se llevaran algo nuevo en cada entrenamiento, si no era así, para mí suponía un fracaso en mi evaluación final del entrenamiento. En el fondo, la misma idea que comentaba en el párrafo anterior.

 

 

“¡Hazlo! Y si te da miedo… ¡Hazlo con miedo!”

 

 

En el entrenamiento, como en el trabajo, o como en la vida no puede ser cumplir una serie de horas, una serie de ejercicios, cumplir una producción. El tiempo es el activo más preciado que tenemos y, sin embargo, seguimos sin darle la importancia que se merece en nuestra vida.

El líder tiene una primera tarea básica, que sus colaboradores escapen día tras día de las tentaciones de la falta de motivación laboral, o lo que es lo mismo, hacer lo mínimo.

Hay muchas teorías para liderar y pocas organizaciones que presuman de trabajadores felices. Al menos eso dicen las estadísticas. Por el contrario, sabemos que un trabajador feliz está menos ausente que aquel que no lo es y puede ser un 50% más creativo. ¿Quién no querría un trabajador así en su equipo?

He podido saborear grandes éxitos deportivos en mi carrera profesional, en el recuerdo quedan los grandes jugadores que hacían posible la estrategia de los entrenadores. Lo cual me lleva a la siguiente conclusión: La fuerza más importante para las empresas son sus trabajadores. Cuidarlos, protegerlos y hacer que se sientan felices repercute en cualquier acción que desarrollen… ¡Tal y como pasa con los jugadores estrella en los equipos!

 

 

 

EL GOBERNADOR CHINO

Hubo una vez en China un gobernador que estaba preocupado porque no lograba la aceptación y el compromiso de los habitantes de su provincia. La gente lo abucheaba con frecuencia, y en el mejor de los casos, lo ignoraba. Por más esfuerzo que hacía para ser un buen líder, nada le resultaba. Así que decidió ir en la búsqueda de un gran maestro que vivía en las montañas, a fin de pedirle consejo.

Le contó su historia y le pidió que lo ayudara a mejorar su liderazgo.

– Te daré un consejo, pero lo haremos a mi manera.

Lo llevó a una quebrada desde la que se podía ver un río y le indicó que se sentara a observarlo. El gobernador asintió, se acomodó bajo un árbol y observo el río durante horas, sin entender por qué lo hacía. Al cabo del tiempo, cuando el cansancio se apoderó de su cuerpo, exclamo «Maestro, aconséjeme ¡cómo ser un mejor líder

– Observa el río y aprende como se debe liderar.

El mandatario volvió a sorprenderse con la indicación, pero el maestro le aseguró pacientemente, que al final lo entendería.

Mas tarde, lo condujo a una explanada donde junto a unos troncos y prendió fuego. Esta vez le pidió al gobernador que se sentara a contemplarlo. Con expresión de resignación en su rostro, el gobernador obedeció. Observó el fuego durante horas hasta que su paciencia se colmó. “Si lo que pretende es que me sienta ignorante, lo ha logrado”, exclamó indignado. “Estoy harto de mirar la naturaleza. Lo que quiero es que me diga con palabras, que debo hacer para ser un mejor líder».

El maestro dejó ver en su rostro una pequeña y sabia sonrisa de comprensión y respondió:

– Ahora que has visto el fuego, ya sabes cómo no liderar.

Antes de que el gobernador pudiera responderle, continuó:

No debes gobernar como el fuego, es imponente, despliega su energía e impresiona. La gente se sienta a observarlo con miedo. Produce mucho ruido, calor y luz, pero en pocos minutos consume todo lo que está a su alrededor e incluso se consume así mismo, nada queda de su obra, tan solo ceniza.

– Finalizó:

El río en cambio, es silencioso, humilde, avanza en un sentido, decidido claramente a fundirse con el mar, es flexible y surca todos los obstáculos en su camino, pero lo más importante es que siembra bienestar por donde transita, generando vida y ayudando a las comunidades a desarrollarse y a crecer. Hijo mío, gobierna como el río; deja de gobernar como el fuego y notarás la diferencia.

 

Fuente: www.resulta-2.com

 

 

 

 

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