Irónicamente el peso de la vida podía ser esos “kilitos” que algunos vamos cogiendo de más con los años… pero no escribiré sobre dietas, siento desilusionaros, aunque sí sobre otro tipo de salud.

El peso de la vida es esa carga que vamos recogiendo cada día, una idea muy abstracta la que hoy os presento. Los años pesan y las experiencias se acumulan. Ahora nos toca a nosotros saber cómo afrontarlas.

Al igual que en un partido las dinámicas marcan el camino hacia la victoria, en la vida marca nuestra esencia. Nuestros ojos: espejo del alma.

¡Ya os he comentado lo abstracto que viene hoy el postpartido!

No vamos a poder catalogar todas nuestras vivencias como positivas, pero sí debemos luchar por jugar duro este partido; sin rendirse pronto, siendo constantes.

Cuidado con ser cabezotas, me gusta más hablar de firmeza y honrar en cada momento a mis valores. ¡No quiero despistarme de ellos!

Siembra cada día. Está claro que vendrá alguna tormenta y destruirá alguna flor, protege que no sean todas, recuerda que lo que cada día pasa lo reunimos en algún lugar de nosotros, y eso, es lo que nos aportará confianza.

Quiero ganar en confianza para que el peso de la vida me cueste menos mantener, nadie está más vacío que aquel que está lleno de sí mismo…

Alejandra caminaba con su padre cuando éste, de repente, se detuvo en una curva del camino. Después de un breve silencio le preguntó:

– Además del cantar de los pájaros, ¿Qué oyes Alejandra?

La niña paró, aguzando sus oídos. Después de unos segundos respondió:

– Papá, estoy oyendo el ruido de una carreta que se acerca.

– Muy bien – respondió su padre -. Tienes razón, se está acercando una carreta vacía.

Alejandra, asombrada, preguntó a su padre:

– ¿Cómo sabes que es una carreta vacía si aún no la has visto?

Entonces el padre respondió:

– Es muy fácil saber cuándo una carreta está vacía, por el ruido que hace. Cuanto más vacía está la carreta, mayor ruido hace.

Alejandra se convirtió en adulta y, siempre que veía una persona interrumpiendo una conversación y hablando demasiado de sí misma, de forma inoportuna o violenta, o presumiendo de lo que poseía, tenía la impresión de oír la voz de su padre diciendo:

– Cuanto más vacía está la carreta, mayor es el ruido que hace.

Fuente: Cuento anónimo

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