¿Miramos lo que falta o potenciamos lo que hay?

La obsesión por corregir lo que falta
En el baloncesto profesional, el scouting tradicional muchas veces se basa en castigar la debilidad del rival. En encontrar aquello que no domina, lo que le incomoda y dar justo ahí donde falla. Y sí, competitivamente tiene sentido. Pero cuando trasladamos esa lógica a la vida, el efecto puede ser devastador. Básicamente porque empezamos a mirar a las personas desde lo que no tienen, lo que les falta o desde aquello en lo que no destacan. Ejemplos para que lo veas más claro:- El alumno que “debería hablar más”.
- El trabajador que “no tiene liderazgo”.
- El niño que “debería concentrarse mejor”.
- La persona que “no encaja del todo”.
Y sin darnos cuenta, convertimos la comparación en método.
Pero aquí viene lo interesante: no todos nacieron para ocupar el mismo rol, al igual que no todos tienen el mismo ritmo ni todos brillan de la misma manera.
Ahí está la riqueza de hecho.
El problema viene en que muchas veces nos esforzamos en que todos encajen en un molde. En que queremos que todos actúen igual y se muevan bajo una única forma “valida” de destacar.
Y es un problema porque con esto no potenciamos talento, sino que lo apagamos.
Durante estos años he visto jugadores perder confianza intentando parecerse a otro tipo de jugador, y ahora en mi nueva etapa profesional, también a alumnos sentirse “menos capaces” simplemente porque su forma de aprender no encajaba en el molde tradicional.
Por eso cada vez admiro más a los entrenadores que dedican menos tiempo a destruir al rival… y más tiempo a mejorar a su propio equipo. Porque el verdadero clic empieza cuando dejas de obsesionarte con lo que falta y empiezas a construir desde lo que sí existe.
Potenciar no es ignorar las debilidades
Cada persona tiene una manera única de aportar valor. Hay quien lidera hablando. Y quien lidera sosteniendo en silencio. Hay quien crea. Y quien ordena. Hay quien impulsa. Y quien equilibra. Por eso el buen trabajo del liderazgo no consiste en fabricar copias eficientes, sino en descubrir el “brillo” particular de cada persona y darle espacio para crecer.
Y eso requiere algo difícil hoy en día: mirar sin comparar constantemente.
Pero ojo, tampoco hay que caer en el error de ignorar las áreas de mejora. Siempre han de estar ahí, presentes, para seguir entrenándolas.
Hay una diferencia enorme entre mejorar una debilidad… y construir una identidad desde ella. Porque cuando una persona solo escucha lo que hace mal, acaba definiéndose por sus limitaciones.
En cambio, cuando alguien descubre aquello en lo que puede aportar de verdad, cambia su energía, su confianza, e incluso cambia su forma de enfrentarse a las dificultades.
Por eso, la reflexión con la que quiero que te quedes es:
¿Estás mirando lo que le falta a esta persona… o estás ayudándole a descubrir lo que ya tiene?
Porque hay liderazgos que corrigen. Y otros que revelan. Y normalmente, las personas crecen mucho más cerca de quien las ayuda a reconocer su valor… que de quien solo les recuerda aquello que todavía no son.
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