Es posible que estemos ante la crisis más grande que hemos podido conocer. Los más viejos del lugar pueden hacer comparaciones con otras “guerras” sufridas en sus espaldas, sin embargo, las generaciones más jóvenes, todavía nos estamos peguntando cómo ha podido pasar una pandemia de tal magnitud con todos los avances tecnológicos y científicos que existen.

Será difícil de olvidar las apariciones de los diferentes líderes políticos en televisión pidiendo unión. La unión hace la fuerza, una de las premisas más potentes de un equipo. Sobra explicar que los equipos campeones, y de algunos tengo un recuerdo muy especial, han sido aquellos donde la unión era máxima. La fuerza del grupo era muy grande, inquebrantable por donde lo pillarás. Los entrenamientos que tengo en mi cabeza de un equipo unido eran una auténtica lección de vida. Curiosamente lo mismo que se no ha pedido desde el comienzo de la pandemia.

La paradoja de este consejo es mantener la unidad manteniendo una distancia social… Bromas aparte, lo que tenemos que seguir haciendo para detener el contagio es la idea de no juntarnos sin haber creado una burbuja social segura. En definitiva, permanecer unidos en la idea de quedarnos más en casa, de un lavado de manos concienzudo, uso correcto de mascarillas y evitar viajes innecesarios.

Un equipo campeón se crece ante los desafíos. Recuerdo algún equipo como ante rivales poderosos, mayor era el espíritu de trabajo, ni que decir tiene que la motivación era exultante. La sociedad actual tiene un reto muy grande: volver a disfrutar de la libertad sin miedo a contraer un virus, en algunos casos, letal. Ganar una final y poder saborear un título de campeón es un desafío muy bonito, y no tiene por qué ser diferente para nosotros el desafío del COVID 19, que no es otro que volver a llenar los colegios, parques, supermercados, y diferentes espacios para el ocio sin miedo al contagio y juntarnos para jugar, darnos un buen apretón de manos, abrazarnos o darnos besos sin cobardía.

Estas peculiaridades anteriormente descritas, nos relaciona directamente con los objetivos. Tener una finalidad es fundamental para evolucionar, para progresar, para seguir dando pasos. Un equipo con una meta clara y alcanzable es una locomotora imparable, cada “entrenamiento” o jornada laboral es una oportunidad única de crecer, no hay pereza en la actitud y sólo cabe lugar para el esfuerzo y el aprendizaje. Así, de este modo nos encontramos ante la gran finalidad de la humanidad actual: salir de la crisis sanitaria. Todos estamos siendo conscientes de que cuando no cumplimos con el objetivo claro, (no juntarnos con otras personas, no usar mascarillas…) el retroceso en la lucha contra el virus nos debilita y vuelven a aparecer las “famosas olas” con un nuevo brote de coronavirus o una nueva cepa.

Otra clave de esta pandemia y que nos relaciona directamente con el trabajo de equipo es el compromiso. La participación de todos los componentes de un equipo es de suma importancia para conseguir resultados positivos y para ganar campeonatos. Por lo tanto, una vez más tenemos que hacer un llamamiento a toda la humanidad. No hay lugar a excepciones para ganar el partido más importante de nuestras vidas. Nos necesitamos todos, con nuestras virtudes y con nuestros defectos, para que de una forma organizada paremos los contagios y volvamos a ser una sociedad libre y que podamos disfrutar de todo lo que nos ofrece la vida y la naturaleza.

Por último, quiero recordar una peculiaridad muy admirable de un gran equipo: jugar sin miedo. Jugar con temor es jugar a perder.  Como conclusión de todo lo abordado en este artículo tenemos que dejar de lado al miedo en esta pandemia, el miedo nos puede paralizar y dejar de hacer lo que debemos de hacer, que es realizar las indicaciones de los grandes expertos que disponemos para salir airosos de esta pandemia.

 

EL PEREGRINO Y LA PESTE

Cuentan que un día un peregrino se encontró con la Peste y le preguntó a dónde iba:

—A Bagdad —le contestó ésta—, a matar a cinco mil personas.

Pasó una semana y cuando el peregrino se volvió a encontrar con la Peste que regresaba de su viaje, la interpeló indignado:

—¡Me dijiste que ibas a matar a cinco mil personas, pero mataste a cincuenta mil!

—No —respondió la Peste—. Yo solo maté a cinco mil, el resto se murió de miedo.

(John Maxwell)