Leía esta semana que el ochenta por ciento de los trabajadores no es feliz en el trabajo, me impacto tremendamente el titular. Aún así, un rato después de dicha colisión metal que supuso esa lectura, no me pareció disparatado pensar que tan sólo el veinte por ciento de los trabajadores son felices en su puesto trabajo, es más, ¡me pareció hasta demasiado!

El capital humano de una empresa es su recurso más potente, se deben exprimir al máximo las opciones de actualización y de mejora de habilidades de cada profesional para que el rendimiento no decaiga. En el deporte muchas veces no son sólo los minutos de juego con los que disponga un jugador es lo que le hacen más útil para el equipo, también el aprender y mejorar en cada entrenamiento esta muy cotizado en la mentalidad del profesional para que su capacidad de trabajo no decaiga.

Con esta última idea me inclino a pensar que lo que realmente necesitamos en nuestro trabajo es aprender. Las jornadas de formación y cursos pueden contribuir, no obstante, el líder tendrá que tener diferentes propuestas para la mejora de sus empleados, no siempre hay tiempo para cursos o posibilidad de invertir dinero para dichos aprendizajes.

 

El que cree que cuesta caro un profesional,

no sabe lo que cuesta un incompetente.

 

Mantener una actitud positiva periódicamente es clave o, lo que es lo mismo, conservar la motivación. Si antes comentábamos de la importancia del capital humano, no puede pasar de largo las herramientas internas a cargo de la empresa para proteger a sus empleados, en el deporte está muy claro que pueden ser los minutos de juego o una participación muy concreta durante un partido. Y ¿En la empresa? He leído que la motivación más poderosa es la interna, entonces, ¿Cómo es posible la desmotivación esté tan presente en la vida?

Nadie quiere vivir desmotivado, sin embargo, es común encontrarse a profesionales con un deseo enorme de terminar su jornada laboral… ¿Para después hacer el qué? No está muy claro cuál es el propósito de cada día, por ejemplo, ir al gimnasio no puede significar tanto para desarrollo integral de las personas.

Una estrategia efectiva para que la motivación no se esfume precipitadamente es sentirse valorado, una política de reconocimientos coloca adecuadamente a cada uno en el lugar que se merece según sus capacitaciones y esfuerzo. Estar rodeado de gente positiva y motivada es seguro de productividad.

 

Liderar no es sólo estar al mando de los proyectos. Si quieres liderar no puedes menospreciar el tiempo. Una planificación lógica es tarea del buen líder. En el deporte la planificación lo es todo de cara al éxito. Una programación correcta de las cargas de trabajo, marcan la diferencia en los equipos ganadores.

El tiempo no se compra, a buen seguro que muchos líderes querrían comprar tiempo, así que planear se convierte en la gran herramienta del jefe. Definir los objetivos con tiempo y claridad, así como, poner nombres a la gente que lo forman nos ayudará a cumplimentar con mayor éxito la jornada laboral.

Por último, me gustaría apuntar lo importante que es hoy en día estar a la última. No podemos crear una burbuja con nuestro propio equipo, desde muy joven, preparándome para ser entrenador he escuchado lo importante que era ver muchos partidos y entrenamientos para aprender y adaptar las ideas que me gustaban de otros. Esto lo sigo viendo en mi día a día, la riqueza de ideas que da el deporte viéndonos unos a otros es una pista muy cualificada para el resto de líderes que conforman el mundo.

Ver cómo trabajan otros, qué programas me pueden ayudar más o entrar en mercados internacionales es sinónimo de mantener el bienestar dentro de la empresa y por tanto, mantener la llama viva en cada profesional.

AFILAR EL HACHA (Cuento anónimo)

Dicen que una vez un leñador muy trabajador se presentó a una oferta de empleo en un bosque. Viendo su motivación y su energía, le contrataron enseguida. El jefe le dio un hacha y le mando a cortar árboles.

Cuando acabó el primer día, el dedicado leñador había conseguido traer 18 árboles, una cifra impresionante. Pero el hombre era muy trabajador y quería demostrar que podía hacerlo todavía mejor, y el día siguiente salió a batir su récord. Sin embargo, al finalizar el día, solo pudo volver con 15 troncos.

Conforme iban pasando los días el leñador se esforzaba por superarse, pero pese a gastar tanta energía, cada vez volvía con menos árboles. Estaba desesperado.

Fue a hablar con su jefe y le explicó la situación.

– No lo entiendo. Por más que me esfuerce, cada día corto menos árboles.

El hombre que le había contratado le miró y preguntó:

– ¿Cuánto haces que no afilas el hacha?

– ¿Afilar? No tengo tiempo para afilar. Estoy muy ocupado cortando árboles.

 

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