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Postpartido · Sin categoría

El mito del “jugador poco listo”

En el deporte existe una etiqueta peligrosa: la del “jugador poco listo".   Ese que “no entiende el juego”, que “no da más”, que “no encaja”. Y muchas veces, esa etiqueta no habla del jugador, habla del entorno.   Comentábamos en el anterior artículo que, a veces, cuando un equipo va mal, se cambia al entrenador. No porque sea el único responsable, sino porque es lo más fácil, lo más visible.    En el acoso escolar ocurría algo parecido: cuando la convivencia se rompe, cuando un niño o una niña es señalado, la solución suele ser moverlo a él. No al grupo. No a la cultura. A quien sufre. Lo fácil es cambiar a uno. Lo difícil es cambiar a todos.   Y en el deporte pasa lo mismo con ese “jugador poco listo”. Se le aparta. Se le etiqueta. Se le reduce.   Pero rara vez nos preguntamos: ¿y si el problema no es el jugador, sino lo que no estamos viendo como equipo?    

Cambiar a uno para no mirar a todos

  Cambiar a la víctima es una forma silenciosa de rendirse. Cuando se va el que sufre, el problema se queda.   Decimos que es por su bien, que empezará de nuevo, que estará mejor. Pero rara vez nos preguntamos qué mensaje dejamos: que si no encajas, te vas.   En el deporte sabemos que los problemas de vestuario no se arreglan cambiando una sola pieza. Se arreglan mirando de frente lo que nadie quiere ver.    Un jugador no “deja de entender el juego” de repente. Muchas veces deja de sentirse parte. Deja de confiar. Deja de tener espacio para equivocarse.   Y entonces sí, parece que no rinde. Pero lo que ha fallado no es su capacidad. Es el contexto.  

El error de etiquetar

  Durante años en el deporte profesional he visto cómo a algunos jugadores se les colgaba esa etiqueta demasiado rápido.   Y curiosamente, en otro entorno, ahora como director de una academia de inglés (Dini Language School), veo algo muy parecido.   Alumnos que “no dan el nivel”. Que “no siguen el ritmo”. Que “no están motivados”. Y la tentación es la misma: simplificar.   Reducir a la persona a una etiqueta. Pero cuando te detienes, cuando escuchas, cuando miras más allá… descubres otra cosa: falta de confianza, miedo a equivocarse, entornos poco estimulantes, dinámicas que excluyen más que integran.   No es falta de capacidad. Es falta de contexto adecuado.  

El problema no es individual

  El bullying no es solo un problema de un niño. Es un problema de liderazgo. De adultos que no supimos proteger.   Y lo mismo ocurre en un equipo o en un aula: cuando alguien queda señalado, cuando alguien se desconecta, cuando alguien “no encaja”, no estamos ante un problema individual.   Estamos ante un problema colectivo.   No se trata de rescindir a un niño, sino de educar a un grupo. Cuando un niño se va del colegio, el aula sigue igual. El problema también. En el deporte, cuando sale un jugador y todo sigue igual… el problema nunca fue solo ese jugador.  

Liderar es mirar donde incomoda

  Liderar en una escuela o en un equipo no es tomar la decisión más rápida. Es tomar la más justa.   Es preguntarse:  
  • ¿Qué estamos permitiendo?
  • ¿Qué cultura estamos construyendo?
  • ¿Qué mensaje estamos dando cuando apartamos a alguien?
  Porque etiquetar a alguien como “poco listo” es fácil. Lo difícil es revisar si estamos enseñando bien, acompañando bien, liderando bien.   Quizá el verdadero reto no sea encontrar jugadores más listos, ni alumnos más capaces. Quizá el reto sea construir entornos donde más personas puedan serlo. Porque cuando alguien no encaja, no siempre es él el que falla.   A veces… es el sistema el que no está sabiendo incluir. Y ahí, el cambio no empieza por mover piezas. Empieza por mirar hacia dentro.  
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