Rendirse como acto de evolución

La rendición como revolución
Hay amistades que se enfrían. Y no por malentendidos, o por algún problema palpable, simplemente porque no hay conversación o simplemente termina siendo un espejismo . Te recuerdo con este link otro de mis artículos relacionado con lo anterior: Lo que la crisis revela: amistades que eran espejismos (cuando el pase no regresa) O proyectos profesionales en los que tras años de ilusión, pasión y esfuerzo, dejan de tener sentido. O incluso carreras brillantes que dejan de encajar con la persona en la que con el tiempo nos convertimos. Es ahí, en esos momentos, en los que cambiar de rumbo no es una caída, es una elección necesaria. No por capricho, sino porque elegir tu verdad es algo mucho más importante que el “qué dirán”. Cada una de estas rendiciones abre un espacio nuevo. Un lugar donde puedes volver a respirar y disfrutar de una vida más alineada donde todo empieza a tener más sentido. Y, en esto creo encontrarme.
Por eso insisto: a veces el desgaste es simplemente una señal de que ya no estás donde necesitas estar, y resistirte a toda costa puede impedir que le des la oportunidad a eso que viene detrás y que puede ser mucho mejor. El baloncesto fue mi mundo durante años, un viaje que me definió, pero ahora otras metas despiertan en mí una ilusión distinta y necesaria.
Rendirse con conciencia no es dejarse vencer, es soltar una lucha que ya no te representa para empezar otra que sí lo hace.
No todo lo que dejamos atrás es un fracaso, en ocasiones, cerrar con respeto una etapa y cambiar de ciclo es justo lo que tu vida necesita.
Y si algo empieza en este acto, el de mirarte con honestidad y asumir que ya no estás donde necesitas estar, no has perdido. Has crecido.
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