Todos nacemos creativos, desde muy pequeños tenemos un emprendedor dentro que con el paso de los años se va poco a poco diluyendo. Nos invaden ilusiones continuamente, soñamos, inventamos… analizamos poco y hacemos muchísimas cosas, no tenemos miedo a nada. Además sonreímos, empatizamos a nuestra forma, expresamos emociones, las caricias y los abrazos son comunes en nuestra vida cotidiana. En definitiva, brillábamos en cada segundo de nuestros primeros años de vida.

Sin embargo, crecemos y empezamos a tener miedo, que en ocasiones nos impide brillar como lo hacíamos en nuestros primeros años de vida.

A lo largo de mis años me he encontrado con varios deportistas de elite que me han trasmitido que eran muy felices en sus inicios, evidentemente tenían menos presión, pero la esencia es que con el paso del tiempo y acompañado de su proyección van dejando de disfrutar de algo que dese muy pequeños era su verdadera pasión y motor de energía para sus vidas.

¿Qué ha pasado en estas personas? Porque el deporte es el mismo, divertido y entretenido, sin embargo ya no hay brillo. Todos esos esfuerzos y sacrificios que han hecho en el inicio de sus carreras deportivas pueden quedarse en saco roto, ¿Cuántos muñecos rotos ha creado el deporte?

Me temo que esta reflexión anterior la podemos trasladar a cualquier ámbito de la vida. En varias formaciones suelo realizar una dinámica sobre las utilidades de un clip. Se trata, explicándolo brevemente, que en cierta ocasión se usó el típico clip para agrupar hojas en un experimento sobre la creatividad del ser humano. En niños, las utilidades que daban a un clip eran infinitas, sin embargo, en adultos llegar a diez era poco menos que un éxito.

¿Qué nos pasa cuando crecemos?

La sociedad nos limita, demasiadas normas nos rodean y nos invaden continuamente. El miedo al fallo se castiga rápidamente sin analizar la situación. Estamos evaluados desde que nacemos, aparecemos en continuas comparaciones: con hermanos, primos, vecinos… Hasta podemos decir que demasiado bien nos va con tantas piedras que nos encontramos en el camino.

Volviendo al deporte, en el baloncesto los entrenadores buscamos líderes dentro del equipo. Primera misión del entrenador: generar líderes. Aquí no puede estar solo, el entrenador necesita un respaldo de la entidad, el éxito deportivo puede estar cerca si se consolida el bienestar individual para que en consecuencia salga reforzado el equipo.

¿Cómo podemos aplicar nuestro esfuerzo para tener jugadores que brillen en cada entrenamiento? En definitiva, ¿de qué depende tener trabajadores brillantes?

FLEXIBILIDAD

La vida no puede ser solo levantarse para ir a trabajar. Compaginar el trabajo con la vida personal reforzará el compromiso con el equipo, además de permitir enfocarse a objetivos en lugar de limitarse a “sudar la camiseta”.

Em mi primer trabajo, en una de las paredes de la nave industrial en la que desarrollaba mis tareas, me marcó profundamente la frase que estaba allí escrita: “el trabajo bien hecho merece respeto”. Quiero decir que no pasemos los días haciendo por hacer, cumplir por cumplir.

Incluso, habrá en ciertos trabajos que podamos ofrecer la posibilidad de gestionar su propio tiempo. Ciertamente esto último me parece extraordinario para poner en alza el valor de la responsabilidad.

OPORTUNIDADES DE CRECER

He podido comprobar que cuando un jugador llega a un club no busca solo un salario, sino también desarrollarse como profesional y como persona.  El jugador necesita sentir que tiene una misión y un futuro para su carrera, por lo que su compromiso dependerá en gran medida de que el club en concreto sepa ofrecerle oportunidades de crecimiento. El trabajo de mejora individual se convierte en algo fundamental para conseguir este punto.

Me parece esta última consideración como algo …parea el mundo de la empresa, la cantidad de formaciones que hay hoy en día tienen que estar al servicio de cualquier trabajador. Atención a esta frase de Henry Ford: “No hay nada peor que formar a tus empleados y que se vayan. No formarlos para que se queden.”

RECOMPENSAS Y RECONOCIMEINTO

Los jugadores y los empleados estamos más motivados cuando formamos parte de una cultura que premia el mérito. Esto puede lograrse a través de herramientas que permitan desarrollar planes de pago vinculados a datos objetivos sobre el rendimiento. Así, se logra tener una plantilla más implicada y satisfecha, que se sentirá más valorada por la organización.

El buen trabajo no solo debe premiarse con buenas condiciones salariales, sino también de manera más informal, con un reconocimiento público o con el reconocimiento en el vestuario o en reuniones de trabajo.

Me permito una última sugerencia para brillar cada día.  Un buen incentivo para llegar a cada jornada con una sonrisa es originar que todos somos iguales, técnicamente diferentes, está claro, pero con las mismas oportunidades y con el mismo trato.