Personas trampantojo. A veces, la imagen engaña más que nuestra intención

¿Realmente todo vale para ganar?
Es una pregunta incómoda, pero muy necesaria. Porque en la carrera por destacar, por conseguir un puesto, por tener influencia o por sobrevivir en entornos laborales exigentes, a veces empezamos a justificar lo injustificable. Se toleran actitudes falsas, se premia el oportunismo, se elogia al que mejor se vende aunque no sea el que más aporta. ¿Y qué pasa con la ética? ¿Con la coherencia? ¿Con la lealtad? Podemos llegar a pensar, que a veces no lo hacemos por maldad, sino por miedo: miedo a quedarnos atrás, a perder oportunidades, a ser señalados. Y en esa presión (la sociedad nos supera), aprendemos a vestir de lógica lo que en el fondo sabemos que es una renuncia a nosotros mismos, algo ciertamente grave para el ser humano. Cuando todo se convierte en una estrategia para parecer más, se empieza a vaciar la esencia. Nos rodeamos de sonrisas medidas, discursos ensayados y actitudes que cambian según quién esté delante.¿De quién realmente te puedes fiar?
En el baloncesto, hay algo muy claro: tú sabes con quién puedes contar en el último cuarto. Siempre se ha dicho que lo importante de un partido de baloncesto es con los jugadores que terminar el partido, no con los que empiezas. Ahí no hay trampantojo que valga. Cuando la presión aprieta, sale la verdad de cada uno. Lo mismo pasa en la vida. En los momentos difíciles, no necesitas gente que finge seguridad, sino personas que estén presentes de verdad. Que no huyan, que no vendan humo, que no digan lo que quieres oír solo para quedar bien...Y también están esas personas en las que confiaste ciegamente y terminaron aprovechándose de ti. Prometían apoyo, pero solo buscaban beneficio propio. Es duro reconocerlo, pero esos engaños enseñan a distinguir entre compañía genuina y simple oportunismo. Pero para reconocer a esas personas, primero hay que salir del modo automático, de la prisa por impresionar y volver a mirar con profundidad. A observar actitudes, no solo palabras. A fijarse en cómo alguien actúa cuando no hay público, ni aplausos, ni recompensa. Observa bien.
Inscríbete al campus 


