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Postpartido · Coaching

La vida se juega en movimiento

Soy un apasionado del baloncesto, sí, y cada vez que puedo un defensor del movimiento, de crear continuamente incertidumbre en la defensa.    Esa filosofía me ha acompañado también fuera de la cancha. Porque no se trata de un estilo de juego o de ataque, sino de una forma de estar en el mundo. En el baloncesto, el movimiento genera espacios, rompe la inercia, obliga a tus rivales a reaccionar. En la vida, pasa exactamente lo mismo.    Decía una frase en una canción: “La vida es movimiento, o te mueves tú o te mueven ellos…” y así es. Da igual si quieres, si no, si te viene mejor o peor: el cambio ocurre.    Si te fijas, cambiamos todo el tiempo, aunque ni nos demos cuenta muchas veces. Con cada conversación, cada error que cometemos, cada pequeña revelación. Lo que ayer parecía de vida o muerte, hoy pesa distinto, o quizá ya ni pesa.    La clave en todo esto es aprender a movernos con esos cambios y adaptarnos a cada nueva realidad.   Y es que la trampa es pensar que estarse quieto es una forma de mantenerse seguro, que nos protege no mover ficha. Lo que ocurre es que, en el fondo, eso es desconectarse de lo que está ocurriendo. Como en el deporte, si uno se queda plantado, el juego le pasa por encima. Pues en la vida, lo mismo: quien no escucha, quien no cambia de ritmo, quien no se mueve, termina fuera de su propia jugada.   

Vivir en movimiento también es saber parar

  El movimiento no es siempre sinónimo de agitarse sin parar. También es saber cuándo pausar, cuándo mirar y cuándo cambiar la dirección. A veces necesitamos parar un instante para ver por dónde se abre el espacio, y tirar para allá.    El movimiento no es solo físico, también es mental y emocional. Cambiar de idea, o ratificar una postura, pedir perdón… todo eso es jugar en movimiento.    Hay momentos en la vida en la que cuesta moverse, ya sea por miedo, o simplemente desgaste. Pero lo importante es seguir leyendo el juego, aunque no sepamos dónde vendrá la jugada clave y encontrar la forma de volver a ponerse en movimiento con sentido.   En el baloncesto, los equipos más peligrosos no son los que corren más, sino los que saben cuándo y cómo moverse con intención. En la vida, igual.    No es cuestión de estar todo el tiempo pensando hacia dónde movernos ahora, sino de detectar hacia donde tiene sentido que lo hagamos, y ponernos en acción.    Al igual que en el baloncesto, la vida se juega en movimiento. Si te quedas quieto, pierdes ritmo. Si ajustas, observas y fluyes, encuentras tu lugar en el juego.    Y es ahí, justamente, donde ocurren las mejores jugadas.   
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