Formas de comunicar: la fuerza invisible del cómo

Hay palabras que no suman (aunque creas que sí)
¿Quién no ha recibido un comentario que nos ha cerrado en banda?
Frases del tipo:
- “Eres un desastre.”
- “Te falta carácter.”
- “No estás a la altura.”
Comunica para sacar lo mejor
Hay una gran diferencia entre hablar para liberar tu frustración y hablar para ayudar al otro a mejorar. Por ejemplo, en el deporte, un mal gesto, un tono fuera de lugar o un comentario fuera de contexto puede cargarse una dinámica de equipo. Y lo digo porque, viendo empezar una nueva temporada desde un plano diferente, estoy viendo bastante descontrol en los mensajes corporales de los diferentes cuerpo técnicos… y eso pesa. Los jugadores lo perciben, lo absorben y al final se nota en la toma de decisiones.
Por eso, el objetivo de comunicarte no debería ser tener razón, sino generar acción. Busca encender ideas, no apagar el ánimo. Eso se nota en detalles como:
- Hacer preguntas en lugar de acusaciones, dando por hecho cosas que quizá no sean como piensas.
- Dar contexto antes de opinar, para que se entienda mejor tu punto de vista.
- Valorar lo que funciona antes de señalar lo que falta para que el mensaje sea mejor recibido.
- Cuidar el tono tanto como el contenido, a veces esto es simplemente lo que nos falla.
Pequeños ajustes que cambian la forma de llegar al otro
Si te fijas, cuando alguien se siente escuchado, respetado y comprendido, está mucho más dispuesto a dar lo mejor de sí. Y eso no se consigue con presión ni con gritos, sino con una comunicación que parte del respeto. Cambiar un “esto lo haces mal” por un “¿cómo podemos mejorar esto juntos?” no es solo una cuestión de estilo. Es la diferencia entre señalar con el dedo o tender una mano. En el primer caso, el otro se siente atacado y se cierra; en el segundo, se siente acompañado y se abre a mejorar. Es un cambio de paradigma. Porque el primero te pone contra las cuerdas, y el segundo te abre una puerta. Comunicar es elegir conscientemente cómo quieres impactar en el otro.
En un equipo, en una relación o en un entorno laboral, tu forma de hablar puede ser gasolina o freno. Puede ser impulso o bloqueo.
Las palabras no se las lleva el viento. Se quedan. Se graban. Se sienten.
Así que la próxima vez que vayas a hablar, pregúntate: ¿Voy a decir esto para ayudar a avanzar?
Inscríbete al campus 

