El ruido como refugio

Y sí, no vamos a negar que a veces, el ruido ordena. En ocasiones, los auriculares no son una muralla sino una especie de ritual con el que conectamos, nos activamos y nos ayuda a reordenar internamente.
El problema entonces no es el ruido, sino el uso que hacemos de él. ¿Nos lo ponemos para no pensar? ¿O para pensar mejor? ¿Para aislarnos del equipo o para llegar mejor al partido?
Quizás el verdadero ruido no está fuera, sino dentro. Y por eso lo tapamos.
Porque cuando todo se calla, aparece una voz que no siempre sabemos escuchar: la del miedo, la de la duda, la del cansancio acumulado. El sonido se convierte entonces en anestesia.
Pero también puede ser brújula.
Hay músicas que no nos esconden, sino que nos devuelven a nosotros mismos. Canciones que no tapan el vacío, sino que lo ordenan.
La diferencia es sutil, pero decisiva.

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