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Postpartido · Coaching

El ruido como refugio

Últimamente voy caminando por la calle y me fijo en una cosa: la mayoría de personas van con sus auriculares puestos. Da igual si es lunes o domingo, si es de día o de noche, si parecen ir con prisa o sus pasos son más calmados: van acompañados de música, podcasts o llamadas telefónicas.  En el deporte ocurre algo parecido. Muchos jugadores calientan con los cascos puestos, metidos en su universo privado, como si necesitaran aislarse del mundo. Da igual si la cancha está vacía o ya hay algo de ruido, ellos están lejos de todo.  Recuerdo que antes, hace no mucho, los momentos previos a los partidos eran espacios de conexión, de miradas al compañero, de concentración compartida. Hoy, muchas veces, cada uno se prepara en su propia burbuja. En este contexto, yo me pregunto: alejarse del ruido externo mediante otra forma de ruido externo, ¿es una huida o una forma de llegar? Porque cuando caminas sin música, aparecen los pensamientos que hemos postergado todo el día. El silencio en el vestuario, en el transporte, en las salas de espera, es el silencio que nos enfrenta a pensamientos incómodos. Ahora, evitamos esa incomodidad y la tapamos con sonido.  Y sí, no vamos a negar que a veces, el ruido ordena. En ocasiones, los auriculares no son una muralla sino una especie de ritual con el que conectamos, nos activamos y nos ayuda a reordenar internamente.  El problema entonces no es el ruido, sino el uso que hacemos de él. ¿Nos lo ponemos para no pensar? ¿O para pensar mejor? ¿Para aislarnos del equipo o para llegar mejor al partido?

Quizás el verdadero ruido no está fuera, sino dentro. Y por eso lo tapamos.
Porque cuando todo se calla, aparece una voz que no siempre sabemos escuchar: la del miedo, la de la duda, la del cansancio acumulado. El sonido se convierte entonces en anestesia.

Pero también puede ser brújula.
Hay músicas que no nos esconden, sino que nos devuelven a nosotros mismos. Canciones que no tapan el vacío, sino que lo ordenan.

La diferencia es sutil, pero decisiva.

  El ruido puede ser un refugio, sí. Pero también un canal, una forma de transición entre el caos del exterior y el foco interior. Lo importante es hacerse la pregunta: ¿qué me da este ruido que no me da el silencio? ¿Con este sonido me alejo, o me acerco a mí mismo? Porque tanto en la cancha como en la vida, la diferencia no está en el volumen, sino en el propósito. Y saber para qué nos aislamos… es también una forma de conectar con nosotros.   

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