DE MAYOR QUIERO SER FILÓSOFO

Volver a ser niños: la filosofía como regreso
Los niños hacen lo que los adultos olvidamos: preguntan sin miedo, sin vergüenza, sin estrategia. Preguntan lo esencial. ¡Y así éramos todos de pequeños! Por eso, ser filósofo de mayor es volver a recuperar esa libertad de interrogarlo todo: hacerse preguntas… Es un regreso, no una huida. Una forma de recuperar aquello que la vida práctica —las prisas, las facturas, las obligaciones— nos arrebató sin que nos diéramos cuenta y que tanto necesitamos recuperar para no perdernos del todo. En el baloncesto profesional ocurre algo parecido. Los jugadores que llegan a la élite pasan horas analizando sistemas y estadísticas hasta olvidar a veces por qué empezaron a jugar... Los mejores entrenadores lo saben: cuando el juego se atasca, no piden más complejidad, sino volver a lo básico —pasar, moverse, mirar al compañero—, a ese baloncesto casi infantil que no piensa en el resultado sino en el juego mismo. Volver a ser niños, también en la cancha, no es retroceder: es recordar lo esencial para seguir avanzando.Un minuto de filosofía
No se trata de retirarse a una cabaña ni de aspirar a la sabiduría absoluta. Basta con defender unos minutos al día de pensamiento auténtico, como quien protege el balón en los segundos finales. Cinco minutos sin pantallas, sin prisa, sin ruido. Cinco minutos para escribir cada noche lo que más te gustó del día. Cinco minutos para una pregunta honesta, para una mirada hacia adentro, para un pequeño ajuste en nuestro propio juego. La filosofía no es un lujo, es una posibilidad para cualquiera que se atreva a hacer silencio y escuchar lo que lleva dentro. Pensar es una forma discreta de resistencia. ¿Y si pensar fuera hoy el acto más radical?
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